


El martes de esta semana, en medio de una de las reuniones más tensas de los últimos años, Germán Ávila, el Ministro de Hacienda, realizó un hecho insólito: se levantó de la mesa de la Junta Directiva del Banco de la República. Más tarde, lanzó una acusación frontal desde su gabinete de que el aumento de las tasas de interés (100 puntos básicos) era “irresponsable”, “inconveniente” y fuera de contacto con la realidad económica de Colombia.
Unos minutos más tarde, Leonardo Villar, presidente del Banco, confirmaba la decisión: un nuevo aumento de 100 puntos básicos que elevaba la tasa de intervención al 11,25 por ciento.acumulando 200 puntos en lo que va de 2026. Cuatro vocales votaron a favor, dos pidieron reducirlo y uno pidió mantenerlo.
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Pero lo que pasó ese día no se explicó en esos números, sino en lo que vino después, una ruptura –parcial, simbólica o en desarrollo– entre el ejecutivo y el emisor que, más que el debate sobre las tasas, expuso una tensión más profunda sobre las reglas del juego económico en el país.
Al final, advierten algunos observadores, se cuestionan dos formas de leer la economía.
La inflación sigue siendo un problema para el Banco de la República. Aunque ha mostrado signos de moderación, se mantiene por encima del 5 por ciento y, lo que es más preocupante, las expectativas de los analistas y del mercado siguen siendo altas, cercanas o incluso superiores al 6 por ciento. es decir, El riesgo no está sólo en los datos actuales, sino también en el hecho de que los hogares, las empresas y los mercados están empezando a asumir que esta inflación llegó para quedarse.
«La decisión de subir la tasa de interés… se tomó para mitigar el impacto inflacionario», explicó Villar, defendiendo la medida que reconoció como difícil y «dolorosa» pero necesaria para evitar que la inflación se salga de control y eventualmente erosione el poder adquisitivo de los colombianos.
No es una posición aislada. Ésta es la lógica que ha guiado la política monetaria moderna y con la que coinciden los analistas: actuar antes de que el problema se consolide. Juan Carlos Echeverry, ex ministro de Hacienda, lo resume sin rodeos: «Nos duele a todos cuando las tasas suben… pero nos duele más cuando la inflación se sale de control». Y añade que no es cierto que la autoridad monetaria actúe a favor de los bancos. De hecho, unos tipos más altos también encarecen tu financiación y afectan a tu rentabilidad.
Visión del Gobierno
Desde el Gobierno el diagnóstico es diferente y apunta en otra dirección. Para el ministro Ávila, el problema de la inflación no está en la excesiva demanda interna, sino en los shocks externos derivados del aumento de los precios de la energía, la presión sobre las materias primas importadas y el impacto de la guerra en Irán. En este contexto, El aumento de las tasas no corrige la fuente del problema, pero crea uno nuevo: encarece los préstamos, desacelera la inversión y debilita la recuperación económica.
El presidente Gustavo Petro acusa a las directivas del emisor de querer ‘matar la economía’. foto:Presidencia
«Es una tontería tomar decisiones… que conduzcan a una contracción de la economía en un momento decisivo», dijo.
Pero el alarde no quedó ahí. El ministro fue más allá y cuestionó el origen de las decisiones del Banco, advirtiendo que estarán influenciadas por las opiniones de analistas vinculados al sistema financiero, «25 sujetos que se creen con derecho a decidir sobre el futuro económico del país». En su lectura, hay una tensión entre la economía «rentista» y la economía real que el gobierno quiere promover.
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La acusación tocó una de las fibras más sensibles del sistema económico, la independencia técnica del Banco de la República. Y aquí es donde el debate se volvió más complejo.
La respuesta del gestor del emisor no se hizo esperar. Señaló que la idea de que las decisiones se toman en favor de intereses especiales «cae por su propio peso». El consejo – insistió – actúa de acuerdo con el mandato constitucional de preservar el valor de la moneda, no reaccionando a presiones políticas o sectoriales.
Asimismo, otros analistas introdujeron un elemento que llevó la discusión más allá: el frente fiscal. Felipe Campos, del Grupo Alianza, dijo que mientras el Banco fija una tasa de 11,25 por ciento, el Gobierno se endeuda en niveles cercanos al 14 por ciento. «Lo más absurdo es esto: «El gobierno sale cada semana a pedir préstamos al 14 por ciento y luego quiere convencer al país de que el Banrep es el culpable de la crisis».advirtió.
Esa brecha es una señal. Esto refleja un aumento del riesgo país, dudas sobre la sostenibilidad fiscal y la percepción de incertidumbre que ya están adoptando los mercados. En este contexto,Las tasas altas no son sólo una decisión del banco central, sino también una consecuencia del entorno macroeconómico en el que opera el país. En otras palabras, la política monetaria no opera en el vacío.
Germán Ávila, ministro de Hacienda, defiende la política fiscal del Gobierno, pero acusa al emisor. foto:banco de la republica
Problema institucional
Para algunos analistas consultados, es aquí donde el episodio deja de ser un debate entre economistas y se convierte en un problema institucional.
«El problema no es el desacuerdo, sino la forma en que se expresa», advierte Víctor Ramírez, socio principal del sector financiero de la consultora BDO, en una frase que resume las preocupaciones de gran parte del sector financiero. Porque el Banco de la República no es un actor cualquiera. Su autonomía, consagrada en la Constitución de 1991, está diseñada para evitar que las decisiones clave queden sujetas a las exigencias políticas del momento. Por eso, cuando el ministro anuncia su salida de la Junta, el impacto no sólo se mide en el sentido institucional, sino en la señal que recibe el mercado.
El análisis de Corficolombiana advierte que: El principal riesgo no es la terminación de los trabajos de la Junta, sino el deterioro de la credibilidad, lo que puede traducirse en mayores presiones sobre la prima de riesgo país. En economía, esta confianza -invisible pero decisiva- es una variable crítica, advierte la entidad.
Las asociaciones empresariales coinciden en este diagnóstico y lo expresan sin matices.
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«El Banco de la República no es del Gobierno, no es del sindicato. Es una institución autónoma creada para proteger la estabilidad económica del país.«, dijeron desde el Consejo Nacional Sindical con una advertencia de que la deslegitimación de sus decisiones no afecta al Banco, sino a la confianza en la economía. Y sin confianza no hay inversión, no hay empleo y no hay crecimiento.
Bruce Mac Master, presidente de Andi, fue más allá al cuestionar el mensaje institucional que se envía cuando el Gobierno cuestiona las reglas que está llamado a garantizar. para él, El país enfrenta un momento que exige más que posiciones opuestas: exige respeto a las reglas del juego.
Golpea tu bolsillo
Y Felipe Campos añade una advertencia ligada a las experiencias internacionales: si se daña la credibilidad, Colombia podría verse obligada a pagar tasas mucho más altas, como ocurrió en Brasil. El riesgo real, dice, no es el nivel actual, sino cuánto podrían subir las tasas si el mercado pierde confianza.
El crédito sigue caro y todo indica que lo seguirá siendo hasta finales de 2026. foto:iStock
Y si bien este debate tiene lugar en los niveles más altos, sus efectos ya se están sintiendo en la economía cotidiana. El crédito sigue caro y todo indica que seguirá siéndolo.
«Entramos en una fase en la que las tasas se mantendrán por más tiempo», explica Mauricio Sabogal, decano de la Escuela Ibero de Ciencias Empresariales, advirtiendo que no se trata de un fenómeno coyuntural, sino de un cambio de ciclo monetario.
Eso significa decisiones más difíciles para millones de colombianos. Un préstamo hipotecario más caro puede retrasar la compra de una vivienda. Una alta tasa de consumo puede limitar el consumo de los hogares. Para una pequeña empresa, los costos financieros más altos pueden significar la diferencia entre hacer crecer o reducir una empresa. Incluso decisiones como financiar la educación o consolidar la deuda se vuelven dependientes de cálculos más estrictos, advierte.
Así, la política monetaria, que normalmente se percibe como un asunto lejano, acaba en la vida cotidiana. El problema es que el equilibrio en ese frente depende de algo que hoy está en tensión: la coordinación.
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Luis Fernando Mehía, presidente de la consultora Lumen Inteligencia Económica, lo deja claro al señalar que la presencia del ministro en el Comité Directivo no es una formalidad, sino un elemento clave para la articulación de la política económica. Su ausencia no sólo rompe el canal institucional, sino que envía una señal de fragmentación en un momento de gran incertidumbre.
Tira y afloja por 25.000 millones de dólares en pensiones
El descontento de Germán Ávila, ministro de Hacienda, tras la reunión del Consejo de Administración del emisor no se debe sólo a la corrección de la tasa de interés. El funcionario también expresó su descontento con la carta del Banco de la República advirtiendo que es «ilegal» transferir 25 mil millones de pesos a Colpensiones de parte de afiliados a fondos privados (AFP) que aprovecharon la oportunidad, como pretende el gobierno.
Pensiones. foto:archivo privado
“Esa comunicación recibió una demanda mía porque no fue discutida en el Banco de la República y por lo tanto no se pudo firmar como tal. Creemos que hubo un abuso de situación que comprometió a toda la Junta Directiva, y en especial al Ministerio de Hacienda”, aseguró.
En carta dirigida al ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, la Emisora advirtió que esta decisión no tiene sustento legal. «La transferencia anticipada de fondos a Colpensiones no está permitida por ley y por lo tanto excedería las facultades regulatorias del Gobierno», afirmó.
Además de argumentos jurídicos, el Banco también recordó que la Corte Constitucional, mediante Auto A-841 de junio de 2025, suspendió la mayoría de los efectos de la reforma previsional mientras decide sobre su fondo.