
Las microempresas son el corazón de la estructura manufacturera colombiana: según el Registro Único Empresarial y Social (RUES), representan el 93,7 por ciento del total de empresas en 2024. Sin embargo, el informe LabE, de la Universidad del Rosario, advierte que su peso numérico no se traduce en desempeño efectivo. Por el contrario, elLa productividad media es baja y presenta grandes diferencias entre regiones, sectores y tipos de empresas.
«El estudio, que incluye tres indicadores clave: productividad laboral, productividad del capital y productividad total de los factores (PTF), muestra que, a pesar de su peso en la economía nacional, la productividad de las microempresas sigue siendo baja y muy heterogénea», señala el documento.
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Según la encuesta de microempresas (Emicron) elaborada por la Administración Nacional de Estadística (Dane), Al cierre del año pasado, Colombia contaba con 507.266 de estas unidades de negocio que emplean a un máximo de nueve personas. y desarrolla una actividad que produce bienes o servicios, con el objetivo de obtener ingresos. Sin embargo, el estudio muestra que alrededor del 90 por ciento trabaja con un solo trabajador.
Uno de los principales hallazgos es que la mitad de las microempresas generan menos de 11 millones de pesos por trabajador al año, o menos de 1 millón mensual por empleado, nivel que se considera bajo, sobre todo considerando que nueve de cada 10 de estas microempresas operan con un solo trabajador.
Pero la mayor advertencia es la profunda dispersión interna: la sala más productiva genera hasta cuatro veces más que la de menor rendimiento. dentro de un mismo sector o un mismo territorio, lo que evidencia capacidades desiguales en capital humano, tecnología y organización productiva.
Por cada peso invertido, las microempresas generan un promedio de $4,15 en ventas anuales. foto:MinCit
Líderes y rezagados
Las diferencias regionales siguen siendo una constante, advierte el estudio. Regiones como Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca concentran los mejores indicadores de productividad y eficiencia laboral en el uso de factores, mientras que Departamentos como Cauca, Sucre y Chocó se encuentran sistemáticamente entre los de peor desempeño.
«En Colombia existen importantes desigualdades de productividad entre regiones. Estas brechas condicionan la capacidad de los territorios para generar crecimiento y bienestar», advierte Fernando Cárdenas, investigador del LabE.
En términos de eficiencia total (PTF), Antioquia destaca con una mediana de 1,15, reflejando una mejor combinación de capital, trabajo y tecnología.mientras que Bogotá alcanza niveles 12% superiores a la mediana nacional, acompañado también de un mayor volumen de ventas.
La estructura productiva del país muestra un rezago en sectores con menor sofisticación tecnológica. foto:CARTERA
En contraste, Cauca (PTF 0,79), Sucre (0,86) y Bolívar (0,89) muestran importantes grados de ineficiencia: en estos territorios, las microempresas aún operan lejos de la «frontera productiva», con amplios márgenes para mejorar su desempeño.
Conocimiento versus tradición
Un patrón similar surge cuando la productividad se analiza desde una estructura sectorial. Las actividades intensivas en conocimiento y los servicios especializados concentran los mayores niveles de productividad: La información y las comunicaciones, los servicios profesionales, el transporte y las empresas inmobiliarias ocupan los primeros lugares tanto en términos de productividad laboral como de PTF.
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En cambio, sectores tradicionales como la agricultura, el comercio minorista, la manufactura y la educación siguen rezagados. «Esto revela que la estructura productiva del país sigue rezagada en sectores con menor sofisticación tecnológica», afirma Jhon Sebastián Villarreal, investigador del LabE.
El informe también muestra que la productividad del capital también es baja en promedio: la mitad de las microempresas generan menos de 4,15 pesos en ventas al año por cada peso invertido. La agricultura vuelve a emerger como el sector más rezagado, con una productividad media del capital de sólo 1,71, mientras que los servicios de alojamiento y alimentación, el comercio y la minería destacan por hacer más rentables sus activos.
Pero incluso dentro de los sectores líderes, todavía existen contrastes: en la minería y la manufactura, la diferencia entre el primer y el tercer cuartil llega casi a diez veces, lo que sugiere que no basta con pertenecer a una industria prometedora: las capacidades de gestión y tecnológicas son decisivas.
Pagos instantáneos foto:credibanco
Digitalización y tamaño
Además de la actividad económica o la ubicación geográfica, el informe destaca que algunos factores internos de las microempresas inciden decisivamente en la productividad.
Uno de ellos es la adopción de herramientas digitales básicas. Las microempresas que utilizan el correo electrónico registran una mayor productividad laboral que aquellas sin conectividad digital, además de un mayor nivel de PTF.
El análisis revela que las microempresas con correo electrónico tienen una productividad laboral mediana de 14,8 millones de pesos por trabajador, mientras que las sin conectividad apenas llegan a los 10,8 millones.
Del mismo modo, las empresas de entre 3 y 5 empleados alcanzan el mayor nivel de productividad laboral y PTF: sin asalariados 0,98; con un asalariado 1,19 y con 2 asalariados 1,26.
«Las microempresas de más de dos empleados conectadas digitalmente muestran importantes saltos de productividad. La adopción de tecnologías básicas y una estructura organizativa mínima permiten un mejor aprovechamiento del trabajo y una mayor eficiencia», explica Juan Sebastián Quimbaya, investigador del LabE.
Políticas diferenciadas por territorio y sector, incentivos a la formación técnica, apoyo a la digitalización y esquemas que promuevan la formalización son esenciales para cerrar las brechas de productividad y aumentar su contribución al desarrollo económico.
Andrés García SuazaAutor principal del estudio ‘Productividad de las microempresas colombianas’.
El estudio muestra que el 25 por ciento de las microempresas menos productivas generan menos de 5,5 millones por empleado al año. El 25 por ciento más productivo alcanza alrededor de 22 millones por trabajador, es decir, cuatro veces más. Y en cuanto al sector, en la manufactura y la minería, la brecha entre las microempresas de bajo y alto rendimiento puede ser hasta diez veces mayor.
La escala productiva también es importante. Aunque la mayoría de las unidades operan con un solo trabajador, las empresas con entre tres y cinco empleados muestran una productividad laboral y una PTF claramente mayores. La colaboración, la división de tareas y la organización crean ganancias de eficiencia. Sin embargo, cuando las microempresas crecen sin fortalecer la gestión, los resultados vuelven a ser irregulares.
Del mismo modo, quienes crean empleo formal y pagan salarios tienden a exhibir niveles más altos de PTF, lo que indica un vínculo directo entre formalización, mejores prácticas internas y un uso más eficiente de los factores de producción.
Según Fenalco, en Colombia hay unas 500.000 tiendas de barrio. foto:Cervecería Central
¿Cómo cerrar las brechas?
El diagnóstico de LabE apunta a desafíos estructurales recurrentes: baja adopción de tecnología, baja capacitación técnica, informalidad y falta de capacidades organizativas. Para revertir el retraso, los investigadores enfatizan la importancia de políticas públicas enfocadas.
«Las brechas identificadas muestran que, sin una estrategia integral, las microempresas seguirán enfrentando barreras al crecimiento. Políticas diferenciadas por territorio y sector, incentivos a la formación técnica, apoyo a la digitalización y esquemas que promuevan la formalización son esenciales para cerrar brechas de productividad y aumentar su contribución al desarrollo económico”, afirma Andrés García-Suaza, autor principal del estudio.
La conclusión es clara: las microempresas sustentan el tejido empresarial colombiano, pero su potencial de crecimiento está lejos de concretarse. Si bien algunos están avanzando hacia esquemas más eficientes respaldados por la tecnología y la organización, la mayoría todavía opera con bajos niveles de productividad, atrapados en ciclos de informalidad y atraso estructural. Superar esta brecha será crucial para que este segmento deje de ser sólo una base numérica del tejido empresarial y se convierta en un verdadero motor de desarrollo económico, según el estudio.