


una llamada ‘nihilismo financiero’ se ha consolidado en los últimos años como una forma de explicar por qué muchas personas, esp la juventuddestinar más recursos a bienes y experiencias de escaso valor, sin priorizar el ahorro ni la planificación económica futura, en un contexto marcado por crisis e inflación recurrentes.
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El término comenzó a circular con más fuerza en 2021, cuando fue popularizado por el analista Demetri Kofinas, y cobró relevancia tras la pandemia y la posterior desaceleración económica global. Se utiliza para describir una actitud de desilusión o indiferencia hacia el dinero, los ahorros y las inversiones convencionales.
Desde esta perspectiva, la planificación a largo plazo pierde su significado en un escenario caracterizado por salarios estancados, inflación persistente y dificultades para acceder a la vivienda. Para quienes comparten esta visión, «ahorrar para el futuro» se considera un objetivo difícil de alcanzar.
El término está muy extendido en 2021 y ha cobrado relevancia durante la inflación y la inestabilidad. foto:iStock
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Factores que explican el aumento del consumo actual
El fenómeno está relacionado con un amplio contexto social y económico. Está vinculado por varios análisis. La percepción del futuro como un riesgo más que como una promesa.una idea asociada con los enfoques del sociólogo Zygmunt Bauman sobre las decisiones a corto plazo en entornos inciertos.
Entre los principales factores identificados se encuentran:
1. Futuro incierto y miedo económico: La Generación Z y los millennials han pasado por acontecimientos como la recesión de 2008, la pandemia, la inflación y un mercado inmobiliario ajustado. En este contexto, estrategias como el ahorro prolongado o la inversión gradual se consideran ineficaces.
2. Gratificación instantánea y agotamiento emocional: La dinámica digital favorece las recompensas inmediatas. Consumir bienes baratos puede crear una sensación temporal de control. Durante la pandemia, este comportamiento se intensificó en respuesta a los confinamientos y las tensiones económicas.
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3. Desconfianza en el sistema financiero: Episodios de inestabilidad bancaria, desigualdad persistente y volatilidad de los mercados han reforzado la idea de que «el dinero no vale nada». La digitalización de las finanzas también ha contribuido a que el dinero se perciba como algo abstracto.
4. Influencia de las redes sociales y la cultura del “todo o nada”: Los contenidos de criptomonedas de alto riesgo, las «acciones de memes» y las inversiones rápidas promueven decisiones centradas en resultados inmediatos, en detrimento de prácticas tradicionales como el ahorro constante.
El fenómeno refleja un cambio en la forma en que las diferentes generaciones se relacionan con el futuro. foto:iStock
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Un fenómeno que va más allá de la generación joven
Aunque la tendencia es más visible entre los jóvenes, investigaciones recientes muestran que la frustración financiera se está extendiendo a otros grupos de edad. Falta de crecimiento salarial ante el aumento del coste de la vida ha llevado a más personas a priorizar el gasto actual sobre los objetivos económicos a largo plazo.
el llamado «nihilismo financiero» Algunos analistas lo interpretan como una respuesta social a un entorno en el que la estabilidad económica se percibe como un privilegio. Más que un comportamiento aislado, se presenta como un síntoma de un sistema que no ofrece previsibilidad ni garantías de progreso.
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*Este contenido fue transcrito con ayuda de inteligencia artificial, con base en información de Portfolio, y fue revisado por un periodista y un editor.