Cada año más de 50 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo, y los teléfonos inteligentes representan una parte clave de este problema. Aunque contienen pequeñas cantidades de metales valiosos como oro, plata y cobre, la mayoría acaban en vertederos por lo caro y contaminante que resulta recuperarlos.
Ahora, un equipo de científicos chinos acaba de dar un giro radical a este panorama.
Un método rápido, limpio y eficaz
Los investigadores desarrollaron una técnica capaz de e oro de viejos smartphones en sólo 20 minutossin utilizar químicos tóxicos como cianuro o mercurio, comúnmente utilizados en los métodos tradicionales.
El proceso logra recuperarse hasta el 98% del oro presente en los dispositivos, con un coste aproximado de un tercio en comparación con las tecnologías de reciclaje actuales.
Este avance no sólo reduce tiempo y gastos, sino que también elimina uno de los principales obstáculos al reciclaje electrónico: su impacto ambiental.
¿Por qué los teléfonos móviles contienen oro?
El oro se utiliza en los teléfonos inteligentes debido a su Excelente conductividad eléctrica y resistencia a la corrosión.especialmente en placas base y microcomponentes. Aunque cada dispositivo contiene sólo fracciones del metal, juntos representan una fuente enorme y sin explotar de recursos.
Según estimaciones, una tonelada de residuos electrónicos puede contener Más oro que una tonelada de mineral ído de una mina..
Un paso clave hacia la economía circular
Este nuevo método podría convertirse en una herramienta fundamental para promover la economía circularal permitir que materiales valiosos regresen a la cadena de producción sin la necesidad de nuevas operaciones mineras.
Además, reduciría la dependencia de la minería tradicional, una de las actividades más contaminantes y socialmente conflictivas del planeta.
El futuro del reciclaje electrónico
Si esta tecnología se puede escalar a un nivel industrial, podría revolucionar el reciclaje de residuos electrónicos a nivel mundialtransformando millones de teléfonos desechados en una fuente sostenible de metales preciosos.
Más que un avance técnico, es una posible solución concreta a uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI.
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