Edwin Arbey Barajas Hernández asumió la presidencia del Congreso del Huila en 2026 con un discurso lleno de llamados a la “supervisión responsable”, la cercanía con la ciudadanía y el fortalecimiento de las instituciones. Barajas, quien fue elegido por unanimidad y apoyado por su comunidad, Cambio Radical, llegó con banda, aplausos y una narrativa que ensalza la actividad activa, deliberada y vigilante del director ejecutivo del departamento. El comienzo de una nueva era, sin embargo, deja más preguntas que certezas sobre la verdadera independencia política de la Duma.
El año pasado, el Congreso ha sido identificado por la burguesía y los analistas como un escenario donde el debate ha brillado por su ausencia. Los proyectos presentados por el ministerio han sido aprobados sin pensarlo mucho, con reuniones rápidas y pocas voces críticas. Para muchos, el llamado control político se ha limitado a levantar la mano, reduciendo el papel constitucional de la corporación en los procedimientos en lugar de contramedidas democráticas.
El principal reto de Barajas será demostrar que su presidencia no será un «control remoto» al servicio de la Comisión. En un año marcado por procesos electorales provinciales y presidenciales, el Congreso tendrá bajo la lupa cada decisión, cada silencio y cada aprobación sin debate. Reavivar el debate, convocar a funcionarios, pedir inversiones y abrir espacios para el debate público serán claves para evitar que la empresa sea vista como un apéndice del gobierno.
El presidente ha hablado de apoyo institucional, pero el equilibrio entre gestión y supervisión determinará el resultado. Los ciudadanos esperan que el Congreso deje atrás los aplausos automáticos y se tome en serio su papel. De lo contrario, 2026 podría pasar a la historia como otro año en el que el control político seguiría siendo la comidilla, mientras que las decisiones se tomarían sin preguntas incómodas ni debates sustanciales.
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