Camino lentamente entre los pabellones patrimoniales del antiguo edificio del ferrocarril de Antioquia, cerrado al público desde hace más de cuarenta años. Los ladrillos, erosionados por el tiempo, conservan una memoria que no se impone: se deja leer. Entre ellos, la vegetación creció con silenciosa insistencia, hasta convertirse también en arquitectura. Es un territorio que respira. Allí, en ese espesor de historia y materia, va tomando forma la Bienal Internacional de Arte de Antioquia y Medellín, celebrada en noviembre y diciembre de 2025.
Más de Economía y cultura
Lucrecia Piedrahíta foto:Amabilidad
Ausencia
Yo era su curador. Y a partir de ahí, la intención fue clara: después de más de cuatro décadas de ausencia, no se trataba de reabrir la bienal, sino de romper tu forma: rompe el cubo blanco y mueve la vista. No se trataba de la organización de la exposición, sino del P. construir experiencia capaz de habitan el territorio de Medellín y Antioquiaaprender a ver el mundo con otros ojos. La Bienal fue organizada por la Gobernación de Antioquia, a través del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, con el apoyo de la Alcaldía de Medellín, el Parque de Artes y Oficios Bello y la firma Arquitectura y Concreto -que proporcionó el edificio Coltabaco-, junto con universidades, empresas privadas de El Antioquia, museos de El Antioquia y diversos Distritos Creativos del Socorro. Más que la suma de las instituciones, fue una convergencia de voluntades en torno a la idea: que el arte se convierta en una experiencia compartida. Lo que sucede en ese espacio no es sólo una exposición. Es la prueba de un cambio más profundo: la cultura ya no se produce sólo en objetos, sino en experiencias capaces de transformar la percepción. Y esa transformación, aunque intangible, tiene un valor económico real.
Jorge Aristizábal, artista invitado en la Bienal Internacional de Arte de Antioquia y Medellín 2025. foto:BIA
Visibilidad
En uno de los pabellones, Ibrahim Mahama trabajar con materiales encontradoscon superficies que trascienden el uso, el tiempo y la circulación global de bienes. Sus congregaciones no buscan ocultar el desgaste, sino más bien hazlo visible. En ellos, el pasado es textura. El negocio está cruzado. Y en esta transición, el espectador se da cuenta de que el desarrollo, la educación y la tecnología no son abstracciones, sino sistemas registrados en la propia materia.
En el segundo pabellón, 25.000 esferas de cerámica de Jorge Julián Aristizábal Cubren el suelo hasta que desaparece. La vista no encuentra un punto fijo. Todo vibra en una continuidad cromática que obliga al cuerpo a frenar. No hay ninguna instalación central. Lo que se activa es un atmósfera. El visitante ya no observa la obra: entra en ella. Y en ese gesto, La percepción se convierte en contenido real..
Posteriormente, el trabajo de Carolina Borrero aparece como una estructura cubierta por una cuero organicoformado por capas vegetales casi imperceptibles, que filtra la luz con una fragilidad inquietante. El espacio parece respirar. La cosa, lejos de afirmarse, parece desvanecerse ante nuestros ojos. La obra no habla del tiempo: lo encarna. Y al mismo tiempo, desplaza la experiencia del espectador hacia un estado de atención que rara vez ocurre en la vida cotidiana.
En uno de los grandes pabellones de Coltabaco, María Elvira Escallón instala, o mejor dicho, saca una frase al espacio eres polvo. La escritura no está en la pared: la atraviesa, la rompe. Él el lenguaje se convierte en materia. La palabra se convierte en escultura, espacio y territorio. Cuando se interviene una pared, sus capas internas quedan al descubierto y el polvo cae, se acumula y permanece. No como un remanente, sino como evidencia. Aquí la obra no representa el paso del tiempo: hace visible. Nos recuerda que todo -el cuerpo, la arquitectura, la historia- está destinado a disolverse, y en eso También se registra la disolución de la memoria..
En un pequeño pueblo de Antioquía, Azuma Makoto recubrir de miles de bromelias Fachada de una iglesia colonial. Es el municipio de El Retiro. La arquitectura se convierte en cuerpo vivo. La escena no es monumental en el sentido tradicional; Es una suspensión del tiempo. La naturaleza no aparece como paisaje, sino como presencia. Y en esa presencia, lo efímero adquiere la dimensión de permanencia.
Ibrahim Mahama, trabaja para BIAM en el Parque de Artes y Oficios de Bello. foto:ISAC RIPOLL, cortesía de ICPA
Estas obras no comparten una estética, pero sí una condición: trabajan al nivel de experiencia. No representan ideas; el producir. Y al hacerlo, descubren algo fundamental al respecto. economía moderna: je El valor ya no está únicamente en lo que se posee, sino en lo que se vive.
Durante décadas, infraestructura cultural Se imaginó como un sistema de contenedores: museos, galerías, salas. Espacios diseñados para el alojamiento de objetos. Pero hoy, eso la lógica es insuficiente. El la cultura ya no puede limitarse a una exposición; debe activar. Debe crear las condiciones para que el conocimiento ocurre como experiencia.
En este contexto, El espacio se convierte en un agente económico.. No por su tamaño, sino por su capacidad. intensidad de producción. La bienal, que ocupa edificios industriales abandonados, estructuras patrimoniales y espacios públicos en Medellín y Antioquia, no es simplemente una reutilización de la arquitectura. Este redefiniendo tu rol. Los lugares dejan de ser soportes y se convierten infraestructura cultural viva: lugares que no sólo contienen, sino que también transforman. Esto tiene profundas implicaciones para Medellín y Antioquia, donde es La transformación urbana y territorial fue una herramienta para el cambio social.. Reactivar espacios olvidados no es sólo una operación estética; es la forma redistribuir el acceso a la experiencia cultural.
El artista japonés Azuma Makoto vistió la iglesia de El Retiro con bromelias. foto:MATEO LONDOÑO, CORTESÍA ICPA
Ecosistema
Pero hay una pregunta que lo atraviesa todo: ¿Se puede considerar la experiencia como una forma de economía? La respuesta, cada vez más obvia, es sí. Las ciudades y regiones compiten para atraer atención, turismo e inversiones. Pero más allá de las métricas tradicionales, lo que realmente define su posicionamiento es la calidad de las experiencias que ofrecen. El espacio que logra permanecer en la memoria tiene un un valor que excede cualquier cálculo inmediato.
El La percepción se ha convertido en una ventaja.. Y, sin embargo, ese Estado es una responsabilidad. si es la experiencia crea valorno puede ser un privilegio reservado a unos pocos. hay que ampliarlo. tiene que llegar a los pequeños municipios de Antioquiacomunidades rurales, lugares donde la cultura históricamente fue entendida como algo lejano.
ahí esta La curación deja de ser una práctica exclusivamente estética y se convierte en una práctica política.. Comisariar no se trata sólo de seleccionar obras. Es relaciones de diseño. Es la creación de condiciones para que algo suceda entre el espacio, la materia y el cuerpo que lo habita. Se entiende que la bienal no es un evento, sino un ecosistema de experiencias.
Rompe el cubo blanco No fue un gesto formal. fue un decisión estructural: dejar espacios neutrales para habitan la ciudad y el territorio real. Integrar paisaje, arquitectura y vida cotidiana en una misma narrativa. Que el arte contemporáneo no sea un lenguaje aislado, sino más experiencia compartida.
Después Más de cuatro décadas sin bienalsu regreso a Medellín y Antioquia no podía ser repetido. Tenía que ser un una pregunta abierta.
¿Qué significa hoy realizar una bienal? ¿Con quién estás hablando?
La respuesta no está en los discursos, sino en lo que sucede cuando alguien pasa por estas zonas. Cuando la mirada se detiene, cuando el cuerpo se frena, cuando algo -que es difícil de nombrar- permanece. Porque tal vez allí, en ese momento, la verdadera economía de nuestro tiempo: no en lo que está acumulado, sino en lo que se transforma.
Lucrecia Piedrahíta
Arquitecto. Curador de arte