
En los cuentos navideños, el Grinch no destruye la Navidad con un fuerte estallido, sino mediante decisiones frías, calculadas y aparentemente justificadas. Este diciembre en Colombia, una decisión de política pública siguió el mismo escenario.
El 22 de diciembre, el gobierno estatal aprobó un Decreto declarando una emergencia económica como alternativa a la recaudación de fondos adicionales tras la presentación del proyecto de Ley de Financiamiento. sin embargo, Lejos de responder a una situación excepcional, el Reglamento plantea graves cuestiones jurídicas, conceptuales y fiscales. No se han identificado eventos posteriores que justifiquen el uso de poderes de emergencia ni existe soporte técnico para respaldar una medida de este alcance.
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Si bien el decreto fue presentado como respuesta a una situación de emergencia, su explicación une en realidad problemas de carácter estructural, previsibles y generalmente conocidos, que no responden a los criterios de excepcionalidad, imprevisibilidad e inmediatez prescritos por la Constitución. En su argumento, la línea entre lo inusual y lo ordinario se difumina.clasificando como shocks externos situaciones que forman parte del curso normal de las políticas públicas y de las decisiones tomadas previamente.
Jonathan Magón, presidente de Asobancaria. foto:César Melgarejo/ El Tiempo @cesarmelgarejoa
La actualización de la UPC, los pagos basados en decisiones judiciales, la atención constante a los desastres naturales, los límites de endeudamiento vigentes desde 2011 en el marco de la regla fiscal, la no aprobación de la Ley de Financiamiento y el manejo de la caja según el presupuesto formulado por el propio Gobierno no responden a los acontecimientos que siguieron. Por el contrario, se trata de elementos conocidos del marco fiscal y administrativo del país, cuya adecuada atención requiere planificación, coherencia y disciplina, y no la activación de mecanismos extraordinarios.
En este contexto, la regulación se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para hogares y empresas. Entre las medidas anunciadas por el Ministerio de Hacienda está el aumento de la sobretasa al sistema financiero en 10 puntos porcentuales adicionales, lo que elevaría la tasa de alquiler del sector del 40 al 50 por ciento.
Se trata de la carga nominal más alta del mundo, comparable sólo con la de las Islas Comoras. Con esta decisión, Colombia se aleja de las economías desarrolladas y se ubica en un pequeño grupo de países con cargas tributarias extremas. incluso por encima de economías con niveles de desarrollo humano significativamente más bajos.
Gustavo Petro, Presidente de Colombia foto:Presidencia – Colfuturo
Las consecuencias de esta medida no se limitan a los balances bancarios. Un aumento de la carga tributaria de esta magnitud inevitablemente se traslada a los hogares y empresas colombianos. En promedio, se estima que el costo del crédito podría aumentar entre 100 y 150 puntos básicos. Este aumento de precios afecta a estudiantes que quieren financiar su educación, a familias que intentan acceder a su primera vivienda y a emprendedores que necesitan préstamos para invertir, crecer y contratar. No es un asunto menor.
Tampoco puede considerarse excepcional el impacto de la medida sobre la inversión, componente que hoy representa sólo el 16 por ciento del PIB, muy por debajo de su promedio histórico. El debilitamiento del crédito en este contexto equivale a debilitar el principal canal de recuperación económica. Las inversiones dependen del crédito y el crecimiento a largo plazo depende de la inversión.
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En un país que necesita urgentemente mayor acceso al crédito, más inversiones productivas y una mayor inclusión financiera, resulta contradictorio adoptar medidas que vayan en la dirección opuesta. Un sistema financiero asfixiado por los impuestos no es sólo un problema sectorial, sino que es un freno directo al crecimiento, la formalización y el bienestar de los hogares.
Este caso, junto con otras medidas que podrían anunciarse en los próximos días, exige una reflexión más profunda. Los debates tributarios requieren tiempo, análisis técnico y coherencia con una visión de largo plazo.
La solución básica es fortalecer la disciplina fiscal y enviar señales claras de control del gasto. De lo contrario, el país corre el riesgo, como en la historia del Grinch, de encontrarse con malas noticias en plena Navidad. en el que las decisiones adoptadas para hacer frente a emergencias fiscales de corto plazo terminan socavando lo que sostiene el crecimiento y el bienestar de los hogares.
JONATHAN MALAGÓN
presidente de asobancaria