
Durante la mayor parte de 2025, el consenso del mercado fue claro: el dólar en Colombia terminaría el año cerca de los 4.000 pesos. La combinación de incertidumbre fiscal, ruido político y un entorno internacional complejo pareció ser suficiente para empujar el tipo de cambio a esos niveles. Sin embargo, el cierre fue diferente. El dólar cerró el año en torno a los 3.750 pesos, lo que sorprendió incluso a los analistas más cautelosos.
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Uno de los principales factores detrás de la fortaleza del peso fue la debilidad global del dólar. El índice DXY, que mide el desempeño de la moneda estadounidense frente a una canasta de monedas, acumula una caída cercana al 10 por ciento en el año, llevando al dólar a su peor desempeño anual desde 2017. Este entorno ha favorecido la apreciación de las monedas emergentes, incluida la de Colombia.
A este contexto externo se suman factores internos. Según analistas de Bancolombia, el peso colombiano se ha apreciado 11,6 por ciento en lo que va de 2025, apoyado en un desempeño excepcional de las remesas.―entre enero y noviembre las remesas acumuladas alcanzaron los 11.924,8 millones de dólares― la prudente política monetaria del Banco de la República y las operaciones de gestión de deuda del Ministerio de Hacienda ayudaron a aliviar las presiones fiscales de corto plazo.
Razones
Las cifras confirman esta tendencia. En comparación con principios de año, el dólar ha caído casi un 16 por ciento, una disminución de más de 700 pesos. También mostró una caída año tras año y mes a mes, consolidando un cierre de año inferior al esperado por el mercado.
Otro elemento clave fue el atractivo del «carry trade» –una estrategia financiera especulativa en la que un inversor toma prestado en una moneda con una tasa de interés baja (la moneda de financiación) para invertir en otra con una tasa de interés alta (la moneda objetivo).
Con tasas de interés locales aún altas en comparación con los Estados Unidos, Colombia siguió siendo un destino atractivo para los flujos de capital a corto plazo, impulsando la demanda de pesos y limitando una depreciación más pronunciada.
Sin embargo, el final de año no transcurrió sin episodios de tensión. La última semana de diciembre mostró días de alta volatilidad, en un mercado con baja liquidez propio de fin de año. Según Acciones y Valores, el dólar osciló entre un mínimo cercano a los 3.711 pesos y un máximo superior a los 3.800 pesos, en medio del anuncio de un aumento del salario mínimo para 2026.
En el periodo de enero a noviembre las remesas acumuladas alcanzaron los 11.924,8 millones de dólares. foto:Sergio Acero. TIEMPO
Ese ajuste, del 23 por ciento, se convirtió en el nuevo factor de ruido para el mercado de valores. Para Felipe Mendoza, presidente de IMB Capital Quants, El aumento fortalece la renta disponible de los hogares y puede aumentar el consumo a corto plazo, pero también aumenta los costes laborales. ejerce presión sobre los precios regulados y no regulados y reaviva los riesgos inflacionarios, lo que dificulta una flexibilización monetaria más rápida.
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Desde una perspectiva cambiaria, este tipo de decisiones pueden afectar las expectativas de inflación y tasas de interés, manteniendo una prima de riesgo que limita la apreciación sostenible del peso. En otras palabras, el dólar puede encontrar apoyo incluso en un entorno de debilidad global de la moneda estadounidense.
En este contexto, el año 2026 parece más incierto. Las proyecciones de analistas y corredores sitúan al dólar en rangos superiores, entre 4.000 y 4.100 pesos, con episodios de mayor volatilidad asociados a factores políticos y fiscales.
Habrá presión sobre el dólar en las elecciones de marzo y en la primera vuelta presidencial de mayo. foto:Yuri CORTEZ/AFP
Grupo Alianza resume el escenario con una poderosa frase: «La tendencia existe, pero el momento no». Si bien mantiene una visión estructural bajista sobre el dólar global, advierte que aún no se han creado las condiciones para una apreciación sostenida del peso por debajo de los 3.700 pesos. Para el primer semestre de 2026, su recomendación es táctica y defensiva: comprar dólar en niveles cercanos a los 3.700 pesos, con objetivos entre 4.000 y 4.200 pesos.
El componente político será decisivo. En Colombia, el calendario electoral aumenta históricamente la volatilidad del tipo de cambio. Bancolombia prevé presiones sobre el tipo de cambio durante el primer semestre del año, con elecciones parlamentarias en marzo y la primera vuelta presidencial en mayo. Si bien un posible cambio de gobierno podría incentivar los flujos hacia activos locales, el escenario aún es muy incierto.
Sin un cambio político creíble, incluso con un mejor entorno global, el dólar podría permanecer en niveles elevados. En cambio, con señales claras de cambio se abriría la puerta a niveles más bajos.
En la segunda mitad, el panorama se vuelve aún más binario. Según Grupo Alianza, sin un cambio político creíble, incluso con un mejor entorno global, el dólar podría mantenerse en rangos altos. En cambio, con señales claras de cambio se abriría la puerta a niveles más bajos.
En este entorno, el dólar se vuelve a consolidar como herramienta estratégica de gestión patrimonial. Para Torroledo, la diversificación monetaria deja de ser una reacción puntual y se convierte en un pilar de las finanzas personales y empresariales. apoyado en soluciones digitales que facilitan el acceso al ahorro en dólares.
Así pues, el balance de 2025 deja una lección clara: el dólar no siempre se mueve como predice el consenso. Y el año 2026, con más ruido político y fiscal, promete mantener el tipo de cambio en el centro del debate económico, coinciden los analistas de mercado.