La paz absoluta siempre tuvo un problema: dependía más del discurso del gobernante que de la realidad del país. Pero ahora, con la investigación de Noticias Caracol, la historia del presidente Gustavo Petro quedó destrozada. No estamos hablando de algún rumor; Se trata de que el departamento de investigación afirmó que funcionarios, entre ellos nombres importantes de la DNI, se habían sentado con los disidentes de Iván Mordisco. ¿Un pacto de no agresión? ¿Una empresa? ¿Reuniones en la sombra? El informe no es poesía: son hechos que te incomodan.

Y Petro respondió como siempre: que la CIA, que la conspiración, que la persecución, que los malos son diferentes. Qué casualidad que cuando lo salpican todo sea un montaje; Pero cuando las filtraciones son a su favor, son «verdades incómodas para quienes están en el poder. Cada vez que Petro habla de paz, algo se rompe desde fuera: la confianza, la cohesión o el país entero».

Mientras tanto, la fiscalía sigue inquieta en su campaña de 2022 por posibles errores de cálculo. Y la oposición, por supuesto, ya está generando quejas. Pero lo realmente grave no es eso: es pensar que aunque el presidente sea moralmente ilustrado, sus funcionarios podrían estar tendiendo puentes con quienes todavía colocan bombas en el Cauca.

Petro exige credibilidad. El problema es que la credibilidad no se pide: es persistente. Y cuando un gobierno que predica la paz aparece una y otra vez rodeado de sombras, no se piensa mal… se piensa con lógica. Colombia no necesita discursos espirituales. Necesita algo simple: un presidente que deje de luchar contra los fantasmas… y empiece a explicar a los vivos.


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