Zambrano y Franco protagonizaron un tenso episodio en la reunión del cabildo.
El ambiente en el ayuntamiento estalló en un inesperado intercambio de palabras que dejó atónitos a concejales y asistentes. Lo que comenzó como una presentación teórica de los resultados de la Jornada sin auto y sin moto terminó convirtiéndose en un escenario donde los ánimos se desbordaron, especialmente entre los asesores Andrés Zambrano y César Franco. Ambos, conocidos por su firme postura sobre la movilidad en Ibagué, protagonizaron un enfrentamiento que rápidamente escaló luego de que la historia fuera utilizada como metáfora política.
El debate comenzó cuando César Franco, portavoz del proyecto que pretende cambiar el día para establecer los llamados días verdes, explicó su postura citando la parábola del tigre, el león y el burro. Su intención, dijo, era mostrar que hacer una afirmación no es lo mismo que tener razón. Sin embargo, el programa narrativo no cayó bien en algunos sectores del estadio, especialmente en Zambrano, quien no tardó en responder con la misma analogía. Frente a todos, confió a los gobernantes el papel de la historia y puso a Franco directamente en el papel de «burro», asegurando que el debate del próximo año se desarrollará sin comparaciones animales.
Los comentarios encendieron los ánimos. La reacción de Franco fue inmediata y llena de enfado, llamando a Zambrano «hombrecito» y subiendo la temperatura en una reunión que hasta entonces había transcurrido relativamente tranquilamente. Franco defendió su postura afirmando que si trabajar, madrugar y evitar los chismes le convertía en un idiota, entonces quería ser «de los que van para adelante». Sus palabras resonaron con fuerza en la sala, provocando gruñidos y miradas incómodas de los presentes.
Ante las crecientes tensiones, el presidente de la empresa, Camilo Acevedo, tuvo que intervenir para frenar el intercambio. Con un fuerte llamado al orden, recordó que el Consejo no debe convertirse en un foro de ataques personales, sino en un espacio de debate razonado. Su intervención permitió que reinara cierta calma, aunque el ambiente seguía tenso. El episodio dejó abierto el debate sobre los límites del lenguaje en los entornos públicos y una vez más enfatizó la sensibilidad del debate político local.
Aunque el congreso continuó, las palabras quedaron rondando el escenario y en la opinión pública, que hoy analiza si la historia fue una simple metáfora o el detonante del inevitable conflicto entre dos posiciones en la tensión permanente al interior del Concejo de Ibagué.
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