
La Administración de Industria y Comercio (SIC) podrá solicitar información sobre precios, estructuras de costos y márgenes de rentabilidad a las empresas. En esto, dice Jairo Rubio Escobar, exgerente de la sucursal, no hay discusión jurídica ni debate serio. Tampoco, añade, hay controles de precios, como ha insistido el actual supervisor de Cielo Rusinque en las recientes intervenciones públicas.
El problema -y éste es el verdadero meollo del debate- no es qué, sino cómo, cuándo y desde dónde.
La polémica no surgió de la noche a la mañana. Hace aproximadamente un mes, cuando comenzaron las primeras advertencias del presidente Gustavo Petar al respecto y los anuncios de la SIC a diversos sectores, comenzó el ruido en los gremios empresariales.
LEER TAMBIÉN
Al principio hubo advertencias internas, consultas jurídicas y comunicación discreta; Luego siguieron declaraciones públicas de asociaciones empresariales y, finalmente, un debate abierto sobre si estos requisitos podrían conducir – de facto – a una forma indirecta de control de precios.
En ese contexto, el supervisor salió este fin de semana a defender la actuación de la entidad, a través de la cuenta X, mientras que exfuncionarios y expertos comenzaron a advertir que el problema no es el poder en sí, sino la forma en que se ejerce, algo que no encaja en la visión de los funcionarios.
Aprovecho la pausa dominical para invitar a la reflexión e invitarlos a ver y escuchar este video en el que respondo a la polémica mediática provocada por el envío de solicitudes de información a un grupo de empresas del país. Te explicaré cómo, a partir de una gota de lluvia,… pic.twitter.com/MuvFP8GLrJ
— Cielo Rusinque Urrego (@cielo_rusinque) 8 de febrero de 2026
«El jefe fue claro en que no hay control de precios y que se debe confiar en la gente. Además, Los controles de precios no existen legalmente salvo en productos muy excepcionales», afirma Rubio Escobar. Sin embargo, advierte que esto no disminuye la preocupación central del sector empresarial, que se deriva de la forma en que se realizan las solicitudes de información.
Para entender la controversia, Rubio Escobar insiste en una distinción clave que, a su juicio, se ha diluido en el debate público: la SIC opera a través de delegaciones con diferentes funciones.
«Una cosa es la delegación para la protección del consumidor y otra muy distinta la delegación para la protección de la competencia. Cuando se mezclan las dos funciones se crea confusión y, en este caso, redundancia”, explica.
Jairo Rubio, exsupervisor de Industria y Comercio. foto:Archivo EL TIEMPO
Dos lógicas diferentes
Según el ex funcionario, las solicitudes de información que causaron malestar entre los empresarios, en varios casos, provienen de la delegación de consumidores, cuya misión es verificar el cumplimiento del Estatuto del Consumidor: publicidad engañosa, ofertas incumplidas, información al público falsa o incompleta.
Ahí está el meollo del debate: ¿qué relación pueden tener la estructura de costos, los márgenes de rentabilidad o incluso el comportamiento del dólar con la verificación de una posible publicidad engañosa? Para Rubio Escobar, la respuesta es contundente: «No hay causalidad. No la hay. No hay conexión alguna». entre buscar márgenes de beneficio y comprobar si hay publicidad engañosa, y eso es precisamente lo que no se entiende y lo que preocupa a los empresarios”.
Para el ex supervisor, cuando estas solicitudes se realizan desde la oficina del consumidor, No sólo carecen de soporte funcional, sino que acaban teniendo un efecto aterrador.
Esto, aclara, no significa que la SIC no pueda pedir información, sino que No puede hacer esto sin una conexión clara con la función que realiza.
Supervisión de la industria y el comercio. foto:archivo privado
Precios injustos
El análisis cambia al entrar en el terreno de delegación de competición. Allí, dice Rubio Escobar, la autoridad supervisora puede exigir información sobre precios, costos y márgenes, pero en condiciones muy precisas.
“Cuando la SIC realiza una investigación previa por fijación de precios injustos, puede solicitar esa información. Se hizo en el pasado y nadie lo desmintió”, apunta.
Pero incluso en ese escenario existen límites claros. Para realizar una investigación sobre precios desleales se deben cumplir dos requisitos básicos: primero, que la entidad económica tenga poder significativo en el mercado; En segundo lugar, existen barreras de entrada que impiden una competencia efectiva.
“Por lo tanto, este tipo de solicitudes no se pueden hacer de forma generalizada. Tiene sentido si se hace, por ejemplo, a una empresa que tiene una posición dominante en un determinado mercado. Ni en una panadería, ni en una oficina, ni en ninguna empresa que no tenga poder de mercado», explica.
La jefa dice que no hay control de precios y hay que creerle, advierten los expertos. foto:Carlos Arturo García M.
error de fondo
Según Rubio Escobar, la controversia actual está alimentada por una afirmación parcialmente cierta: que estas demandas se han hecho para toda la vida. Lo que no se dice -y ésta es la diferencia- es cómo se hacían antes.
LEER TAMBIÉN
“Sí se hicieron, pero por la Delegación de Competencia, para casos puntuales, con empresas con poder de mercado y como parte de una investigación previa. No desde una delegación de consumidores ni de forma generalizada», subraya.
Por tanto, a su juicio, las críticas empresariales no son infundadas, aunque no deben llevarse al extremo hablando de controles de precios o persecución sistemática.
«La jefa dice que no hay control de precios y hay que creerle. La SIC tiene la facultad de exigir información y esa es la verdad. Nadie lo ha cuestionado», afirma. La preocupación -insiste- es otra: «¿Por qué se solicita esta información a la delegación de consumidores, cuando no tiene nada que ver con sus funciones? ¿Y por qué se hace de forma generalizada, cuando en competencia sólo se refiere a agentes con poder de mercado?».
Ahí está el verdadero debate técnico y jurídico, insiste Rubio Escobar, que hasta ahora pocos han querido poner sobre la mesa y que explica por qué el empresariado colombiano ha encendido las alarmas, aun cuando -formalmente- no hay controles de precios.