

El gobierno nacional se está preparando para aprobar decretos que activen una nueva ronda de impuestos de rescate, que entrará en vigor a partir de 2026, en un intento de proporcionar gran parte de los fondos necesarios para cubrir el déficit en el presupuesto general de la nación para el próximo año.
Según anunció Germán Ávila, ministro de Hacienda, Este paquete permitiría una recaudación estimada de 11,1 mil millones de pesos, en el contexto de restricciones fiscales y luego de la presentación de la Ley de Financiamiento.
El funcionario, sin embargo, advirtió que la brecha fiscal es del orden de 16 mil millones, por lo que habrá que tomar medidas adicionales, como posponer inversiones en obras viales y reducir algunos costos. Se trata, en la práctica, de una reforma fiscal por decreto, mientras el Tribunal Constitucional comienza a examinar si está justificado el uso de facultades excepcionales.
LEER TAMBIÉN
La decisión, sin embargo, abre un doble frente de discusión. Por un lado, en lo económico, por el impacto que tendrían las medidas en viviendas, empresas, préstamos, inversiones e infraestructuras. Del otro, el legal, por el uso de facultades excepcionales para determinar impuestos, competencias que en condiciones normales corresponden al Congreso y que ahora estarán bajo el escrutinio del Tribunal Constitucional, advierten expertos.
Para Ramir Bejaran, abogado y profesor, los motivos invocados por el poder ejecutivo no constituyen un «hecho siguiente», condición central para declarar el estado de emergencia. «No son motivos posteriores», advirtió, destacando que buena parte de los factores mencionados eran previsibles y deberían haberse procesado de la forma habitual.. Una lectura similar tiene Andrés González Díaz, exministro de Justicia, quien cree que recurrir al estado de excepción para imponer impuestos perjudica el principio democrático de separación de poderes.
El gobierno apunta a desarrollar proyectos viales por falta de dinero en 2026. foto:Presidencia
Con esta salvedad de fondo –legal y de política pública– el paquete trae medidas específicas que afectan a personas con activos relevantes, sectores como el financiero y minero-energético, el consumo de alcohol y los juegos de azar y las compras a través de plataformas digitales. Y, además, abre frentes sensibles: un anuncio de revisar condiciones futuras y congelar o retrasar recursos para proyectos viales sin avances, y una intención de obligar a las fondos de pensiones privadas (AFP) a repatriar inversiones en el exterior para financiar infraestructura.
impuesto a la riqueza
Uno de los primeros cambios es la realineación del impuesto sobre bienes inmuebles. El umbral se bajaría de 3.600 millones a 2.000 millones de pesos y se establecería una estructura progresiva con una tasa máxima del 5 por ciento para activos superiores a 100.000 millones. Información conocida habla de un universo cercano a 102.000 contribuyentes y una recaudación de mil 700 millones de pesos.
Se ha rebajado el umbral para pagar el impuesto sobre el patrimonio a quienes tengan 2.000 millones de dólares o más. foto:Dian/ iStock
El efecto práctico es ampliar la base impositiva, al incluir a personas que, sin pertenecer a la mayor riqueza del país, concentran activos como viviendas, otros bienes, vehículos y otros activos. Para Christian Junot Quiñonez, exsubdirector de la Dian, este ajuste no afecta a ningún grupo: «Definitivamente está afectando a la clase media», especialmente cuando los aumentos de costos no van acompañados de mayores ingresos para quienes ganan por encima del salario mínimo.
LEER TAMBIÉN
Recargo al sistema financiero
Otro eje central es una sobretasa a los ingresos del sector financiero, que oscilaría entre 5 y 15 por ciento, con una recaudación estimada de 3,6 billones de pesos. Quiñónez explica que, sumado a la tasa general, el gravamen podría llevar al sector a un nivel cercano al 50 por ciento, un umbral que califica de «extremadamente confiscatorio».
El debate no se queda en el sector. Jonathan Magón, presidente de Asobancaria, advierte que el mayor impuesto se trasladará al resto de la economía: «Las consecuencias no se limitan a los balances de los bancos, sino que se transmiten a los hogares y las empresas». Según su estimación, el costo del crédito podría aumentar entre 100 y 150 puntos básicos, lo que afectaría desde el financiamiento de la educación hasta la compra de vivienda y las inversiones productivas.
Más recargos al sistema financiero aumentarán los tipos de interés, así como las comisiones bancarias. foto:iStock
Quiñónez coincide con el mecanismo: «Habrá un efecto de aumento de tipos de interés, pero también de comisiones bancarias». En un contexto de inflación presionada por otros factores, el aumento de los precios del crédito aparece como uno de los impactos más transversales del paquete.
Hidrocarburos y minería
El paquete también revive discusiones en el sector minero y energético, como la imparcialidad de las regalías sobre el petróleo, el carbón y otros minerales, un tema que ya está estancado en los tribunales. aquí, yoLos expertos advierten del riesgo operativo: incluso si el Tribunal anula la medida, la recuperación podría haberse materializado antes del fallo.
Según Quiñónez, esto podría terminar en “saldos favorables” o ajustes futuros que presionarían el flujo de caja del próximo gobierno. ««El tribunal puede… declararlo inejecutable, pero ya ha habido pagos… y esto puede significar un saldo a favor en el futuro», advirtió.
Las medidas reavivan la discusión en el sector, como el no reconocimiento de regalías petroleras. foto:ecopetrol
Bejarano, por su parte, fue aún más categórico respecto del incentivo institucional creado al insistir en normas previamente caídas: la reactivación de disposiciones que fueron declaradas inconstitucionales «no tiene sentido jurídico» y puede implicar responsabilidad. I González Díaz pidió una reacción más rápida del poder judicial: sugirió que se evalúen medidas cautelares para evitar un escenario de recaudación mientras esto se decide, para luego convertir la recaudación en «créditos» a impuestos futuros.
IVA y consumo
En cuanto al consumo, el Ministerio anunció que aumentará el IVA a las bebidas alcohólicas del 5 al 19 por ciento, para bebidas como brandy, ron, whisky, brandy, vodka y vino, excepto la cerveza. Se mantendría el IVA del 19 por ciento para los juegos de azar y fortuna (incluidos los electrónicos), con el ajuste de la base imponible para tener en cuenta el beneficio real del operador, descontando los premios pagados, buscando una recaudación más estable.
Este tema tiene un delicado componente territorial: los impuestos a las bebidas alcohólicas y al tabaco han sido históricamente la fuente de financiamiento de la salud en departamentos y municipios. ILos expertos prevén tensiones entre la nación y la región por el control de estos ingresos. Quiñonez advirtió que el problema no es sólo el IVA, sino la suma de impuestos (IVA + impuesto estatal al consumo + componente territorial), que pueden encarecer el producto, reducir la demanda formal y afectar la recaudación.
El IVA sobre las bebidas alcohólicas aumentará del 5 al 19 por ciento para bebidas como brandy, ron, whisky, brandy, vodka y vino. foto:iStock
Otro ajuste anunciado es la rebaja del umbral de exención para las pequeñas importaciones a través de plataformas digitales, que bajaría a 50 dólares. Si bien los detalles regulatorios aún requieren precisión, la dirección del cambio es clara: Se gravarían más compras, lo que afectaría directamente a los consumidores y al comercio electrónico.
Infraestructura y vigencia futura
Además de los impuestos, el Gobierno anunció que también analiza congelar o posponer fondos para proyectos viales que no muestren avances significativos, como parte de la priorización del gasto. Este tema es particularmente delicado porque trata de condiciones futuras, es decir, obligaciones contractuales del Estado para pagos plurianuales que respaldan el esquema de financiamiento de obras importantes y APP.
Cambiar el curso de las condiciones futuras, como se propone, crea riesgo e incertidumbre. foto:Covipacífico
Según Luis Fernando Mejía, director saliente de Fedesarroll, recurrir a estas garantías aumenta el riesgo país percibido por inversionistas y bancos: «Las condiciones futuras son tan seguras que el sector bancario las considera una garantía… y este tipo de medidas crean riesgo e incertidumbre». Según su concepto, su reprogramación –incluso si se acuerda– debilita el apetito de capital para nueva infraestructura, justo cuando el espacio fiscal del estado es limitado y el país depende de planes público-privados para llenar los vacíos.
Pensiones: inversiones repatriadas
El anuncio más inquietante, por su efecto de largo plazo, es el decreto que obligará a los fondos privados de pensiones a repatriar casi 250 mil millones de pesos invertidos en el exterior, con el fin de financiar infraestructura estratégica. Aquí el debate no es menor: esos recursos se invierten en el exterior para diversificar el riesgo y buscar rentabilidad en horizontes largos, a favor de las sucursales, como mencionó Asofondos.
LEER TAMBIÉN
Según los expertos, limitar esta libertad reduce los rendimientos esperados y puede conducir a pensiones futuras más bajas. Si se limita la inversión externa de fondos, la cuenta individual de una persona que ahorra durante 30 o 40 años podría terminar con una pensión significativamente menor. Es el punto que combina la financiación pública (búsqueda de fondos para obras) con la protección del ahorro previsional (rentabilidad y diversificación).
problema fiscal
En el lado macro, Mejía destacó una contradicción que marcará el debate público: no se puede afirmar simultáneamente que «la economía va bien» y que hay una «emergencia económica» que justifica regulaciones tributarias. Su diagnóstico es más específico: «No estamos en una situación de crisis económica, tenemos un grave problema fiscal». Y atribuye parte del crecimiento reciente a un impulso «insostenible» del gasto público, en un contexto de elevados déficits.
Si la recaudación se inicia antes del fallo, el país podría terminar en un escenario de recaudación inmediata con ajustes futuros que afecten el flujo de caja del próximo gobierno y la estabilidad de las reglas para inversionistas y contribuyentes.
Ese marco es importante por dos razones, explica. Primero, porque ayuda a comprender por qué el Gobierno busca un pago rápido para 2026. Segundo, porque la forma de lograrlo –regulaciones extraordinarias, un potencial shock crediticio, tensiones con la vigencia futura y señales de pensiones– podría conducir a una mayor incertidumbre y costos financieros para el país.
Con el paquete ya anunciado, la discusión se mueve en dos frentes simultáneos: económico (inflación, crédito, inversiones, empleo, consumo, infraestructura) y legal (conectividad, excepcionalismo, límites del poder ejecutivo). El Tribunal Constitucional tendrá la última palabra en este ámbito. Y, como han advertido varios expertos, la hora cuenta: Si la recaudación se inicia antes del fallo, el país podría terminar en un escenario de recaudación inmediata con ajustes futuros que afecten el flujo de caja del próximo gobierno y la estabilidad de las reglas para inversionistas y contribuyentes.
Así que el foco pasa ahora al Tribunal Constitucional, que debe evaluar si existe suficiente nexo y excepcionalidad para aprobar las medidas, dicen analistas, algunos de los cuales incluso han planteado la posibilidad de medidas cautelares para evitar el cobro anticipado de sentencia.
El resultado será decisivo no sólo para el presupuesto de 2026, sino también para la confianza de los hogares, las empresas y los inversores en las reglas del juego fiscal del país, coinciden.