El Ministerio de Defensa de la ciudad de Bogotá rechazó de plano la reciente propuesta del líder opositor, alias Iván Mordisco, quien propuso la formación de una alianza entre grupos armados ilegales como el ELN y la Segunda Marquetalia. Para el gobierno nacional, este llamado no sólo carece de legitimidad, sino que representa un intento desesperado por reorganizar las estructuras criminales ante la persistente presión de autoridades públicas en diferentes regiones del país.

El anuncio oficial se produjo en medio de un complejo contexto de seguridad nacional, marcado por un resurgimiento de la violencia en zonas históricamente afectadas por el conflicto armado. Sánchez señaló fuertemente que cualquier intención de formar bloques armados ilegales representaba una amenaza directa a las instituciones y a los civiles, afirmando que el Estado no daría cabida a un tratado que busca legitimar la economía ilegal y el control armado de los territorios.

Ycentro del conflicto armado

La Liga del Cauca vuelve a ocupar un lugar central en este escenario de conflicto. Los municipios del norte y sur del departamento siguen siendo escenario de enfrentamientos, acoso y disputas por el control de corredores estratégicos utilizados para el narcotráfico, la minería ilegal y otras ganancias criminales. Las autoridades advierten que la propuesta de «Iván Mordisco» apunta precisamente a consolidar el poder armado en zonas como estas, donde el Estado ha intensificado las operaciones militares en los últimos meses.

Fuentes de seguridad aseguran que el Cauca se ha convertido en uno de los principales objetivos de las disidencias por su ubicación geográfica y la resistencia institucional que ha ido ganando terreno. Esta presión explicaría, según los expertos, el llamado a una supuesta «unidad» entre estructuras ilegales que históricamente han competido entre sí.

Lectura política

Desde el punto de vista político, el gobierno interpreta esta invitación como una señal de debilidad de los grupos armados ilegales ante el avance del gobierno. La narrativa de una «amenaza externa», citada por el disidente en su declaración, ha sido desestimada por las autoridades, que ven la retórica como una estrategia para unir filas internas y justificar una escalada de violencia.

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