Colombia ha lanzado un feroz rechazo a los ataques aéreos estadounidenses contra barcos que, según Washington, eran barcos narcotraficantes vinculados al narcotráfico. Este rechazo tuvo lugar durante una sesión del parlamento. Organización de Estados Americanos (OEA)donde el representante permanente del país, Luis VargasCondenó que estas acciones se llevaron a cabo «al margen del derecho internacional».

Al subrayar que «la fuerza letal sólo es legítima como último recurso ante una amenaza inminente», Vargas se refirió a los ataques, que calificó como no parte de un conflicto armado, sino como acciones que deben regirse por la ley. En su discurso, el diplomático destacó que la lucha contra el crimen organizado no justifica el uso directo de fuerza letal por parte de los Estados sin respetar los estándares legales y de derechos humanos.

La declaración de Colombia se produce al menos en medio de una disputa veinte ataques Estadounidenses contra barcos en el Caribe y el Pacífico, según fuentes diplomáticas y medios internacionales, alegando que estos barcos transportaban drogas. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, estas acciones habían causado la muerte de decenas de personas.

El gobierno de Gustavo Petro, por su parte, ha afirmado que estas acciones no sólo constituyen una violación de la soberanía nacional, sino que también pueden equivaler a ejecuciones extrajudiciales. Petro también ha lamentado la falta de una condena más contundente por parte de otros países latinoamericanos, denunciando el «silencio» que supone que estas acciones sigan impunemente.

En la ONU, varios altos funcionarios han cuestionado la legitimidad de los atentados, argumentando que no hay pruebas públicas contundentes de que todas las personas en los barcos fueran una amenaza inminente.

Debido a estas tensiones, Petro también ordenó el fin de la cooperación de inteligencia con Estados Unidos. El Presidente aseguró que la lucha contra las drogas debe subordinarse a los derechos humanos, especialmente de los pueblos del Caribe que, según él, han sido afectados por estos ataques.

Washington, en respuesta, sostiene que sus acciones están dirigidas contra los cárteles de la droga y que sus acciones son parte de una política legítima para detener el transporte de drogas por mar.

Este episodio ha aumentado las tensiones diplomáticas entre Colombia y Estados Unidos, dos aliados históricos en la lucha contra el narcotráfico, y abre un profundo debate sobre el uso de la fuerza militar en aguas internacionales, el respeto al derecho internacional y la responsabilidad ante potenciales violaciones de derechos humanos.

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