Un petrolero de origen ruso, sancionado y cargado con gas natural licuado, se encuentra a la deriva en aguas del mar Mediterráneo tras sufrir graves daños estructurales, lo que ha despertado la preocupación internacional por el riesgo de una emergencia ecológica a gran escala.
La embarcación, identificada como Metagaz árticotiene un gran agujero en su casco y actualmente navega sin tripulación, situación que aumenta la incertidumbre sobre su control y estabilidad. Las autoridades europeas han advertido que si se produce una explosión o un derrame, las consecuencias para el ecosistema marino podrían ser devastadoras.
Desde Italia, uno de los países que ha solicitado acción urgente a la Comisión Europea junto a otros ocho miembros de la Unión Europea, el barco ha sido calificado como una auténtica “bomba ambiental”, por el alto riesgo que representa en su estado actual.
El incidente se produjo a principios de mes, cuando el petrolero fue presuntamente alcanzado por un dron cerca de aguas maltesas. Aunque se han señalado posibles responsabilidades de Ucrania, hasta el momento no hay confirmación oficial al respecto.
Después del ataque, se ha observado que el barco se desplaza lentamente hacia el sur, alejándose de zonas cercanas a Italia y la isla de Lampedusa, en dirección a Libia. Mientras tanto, las autoridades marítimas de Italia y Malta mantienen un seguimiento constante de su trayectoria.
El caso vuelve a poner en el centro del debate la actividad de las llamadas “flotas fantasma”, utilizadas para evadir sanciones internacionales en el transporte de hidrocarburos, y los riesgos que éstas representan tanto para la seguridad como para el medio ambiente.