El Centro de Diagnóstico Automotriz (CDA) de Popayán atravesaba uno de los momentos más importantes de su historia reciente, luego de que el pasado 27 de diciembre se evidenciara un rápido deterioro en su gestión administrativa y financiera. Como habían advertido distintos sectores políticos y mediáticos, el regreso de Gregorio Molano a la gestión no significó la restauración de la entidad, sino de su sostenibilidad, que ya había afectado la sostenibilidad de la crisis.

Durante este período, CDA perdió contratos estratégicos que eran una fuente clave de ingresos. Entre ellos, se confirmó la terminación de una alianza con una empresa de transporte por una revisión técnica y mecánica, así como la ausencia de contratos con el Ministerio de Transporte en materia de revisión de cuentakilómetros parciales y de la flota de buses. Esta pérdida tuvo un impacto directo en las operaciones y finanzas de la empresa pública.

A esto se sumó una importante reducción del financiamiento destinado a los programas de cultura vial, con sus ingresos reducidos a la mitad, y una falta de gestión para capitalizar la unidad o adquirir nuevos equipamientos que le permitieran competir en el mercado. La falta de avances en proyectos de infraestructura, como la construcción de un nuevo mirador tecno-mecánico, terminó agravando la situación.

La crisis también se reflejó en el lugar de trabajo. Los trabajadores denunciaron retrasos en el pago de salarios e irregularidades administrativas, pero la empresa siguió sin asistencia jurídica constante. Aunque los socios acordaron reformas estatutarias y cambios en el nombre de la empresa, estas decisiones no se implementaron.

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